martes, 7 de octubre de 2014

2014: un buen año para el cine español

 

El 2014 está resultando un buen año para el cine español. En marzo se estrenaba “Ocho apellidos vascos”. Una intensa campaña de promoción, y el boca a boca, convirtieron pronto a esta película en un éxito rotundo, llegando a ser la película española más vista en nuestro país.


La cinta maneja con acierto los tópicos vascos y andaluzces, se atreve a meterse con temas muy delicados como el independentismo y el movimiento “aberchandal”, y maneja un mensaje optimista y tolerante sobre nuestro país en un momento complicado. Sus chistes podrán ser sencillos y algo tontos, pero resultan muy efectivos gracias al trabajo de los actores. La escena de Dani Rovira recitando sus apellidos en el bar es antológica. La película fue dirigida por Emilio Martínez-Lázaro, que cuenta con una larga trayectoria de peliculas, exitosas como el divertido musical  “El otro lado de la cama” (2002), o la terrible historia de las 13 rosas (2007). Ocho apellidos vascos ha sido comparada con el bombazo francés “Bienvenidos al norte”, y en efecto, tienen muchas cosas en común. Dos comedias muy recomendables.

Al final del verano, se estrenaba “El niño”, una película que tenía interés en ver, por desarrollarse en el sur de Cádiz, una zona que me gusta especialmente. Su director, Daniel Monzón, nos había impactado hace 5 años con “Celda 211”, y este año vuelve a acertar con una película de intriga y acción, ambientada en el mundo del tráfico de drogas en el estrecho. La escena inicial de los containers en el puerto de Algeciras ya avisa de las dificultades que entraña la lucha policial contra el flujo de hachís y cocaína que entra incesantemente en nuestro país. La película está muy bien ambientada e interpretada, a caballo entre Cádiz, Gibraltar y Marruecos, y muestra el equilibrio entre seguridad, consumo de drogas, tráfico, violencia, cutrez, corrupción e hipocresia que marca el mundillo del narcotráfico. El guión resulta verosímil, y las escenas de acción están perfectamente resueltas. El grado de violencia es adecuado y creible, a diferencia de algunas películas del género, sobre todo americanas, que lanzan un millón de coches patrulla detrás de los malos, creando un caos en las autopistas de los Ángeles (películas que también me gustan, por otra parte). Una obra bien pensada, muy bien realizada, y muy entretenida. Otro acierto, que puede tener salida internacional.



Y por si no tuviéramos suficiente buen cine español este año, hace poco se ha estrenado “La isla mínima”. Su fotografía está aun más cuidada que en las dos anteriores, con unas tomas cenitales magníficas. El paisaje natural de las marismas del Guadalquivir es manipulado para resultar oprimente y claustrofíbico. El laberinto de caños, carreteras y caminos de la zona, sumados al ambiente político inestable de la transición en el año 80, sirven de escenario a una historia policial convencional, no especialmente original, pero eficaz. Según comenta su director, Alberto Rodríguez la fotografía está inspirada en el trabajo de Atín Aya.


El duelo entre la España franquista y la democracia es encarnado por la pareja policial encargada de las investigaciones. Por desgracia para el poli bueno, el actor Javier Gutiérrez se come la pantalla en su papel de policia violento, con un pasado oscuro, pero que parece buscar una especie de redención al final de su carrera. El áctor ha sido justamente premiado en el festival de San Sebastián.



La película recrea perfectamente el año 80, y resulta muy evocadora para los que vivimos aquella época de ilusión, en los que nosotros y nuestra democracia entrábamos en la adolescencia. Nos comunicábamos con cartas que tardaban semanas en llegar, nos movíamos con bicicletas BH, y pasábamos largos veranos en pueblos parecidos a los de la peli…

Nuestra amiga Teresa también comenta con más detalles esta peli en DCLM.


Alberto Rodríguez había rodado un policiaco previo bastante interesante, Grupo 7, pero me resultó algo más exagerado, menos convincente.

Y finalmente, llega el plato fuerte del cine español de este año: Torrente 5, Operación Eurovegas. Hay que verla…

Buena cosecha de cine español durante este año.

martes, 26 de agosto de 2014

VACACIONES DE ENSUEÑO EN ASTURIAS

Cudillero:
 
Playa del Aguilar:
Avilés, una ciudad preciosa con fama de no serlo:
 
 
 
 Luarca:
 
 

viernes, 22 de agosto de 2014

Más clásicos: Dune

Este esquema muestra como el gusano del Dune es el bicho más brutal de la praderarrr del desierto.

Hace tiempo que tenía una deuda con una de las grandes novelas de ciencia ficción: Dune, de Frank Herbert (1965). En los años 80, vi la adaptación al cine dirigida por David Lynch (1984). La película en su momento resultaba bastante impactante, un tanto misteriosa, aunque se hacía pesada a ratos. Años antes había fracasado un intento de llevar al cine Dune, de la mano del peculiar Alejando Jodorowsky. El proyecto contaba con colaboradores de la talla de Dalí, Orson Welles, Moebius o Pink Floyd…hubiera sido curioso ver una obra conjunta de todos ellos, pero no pudo ser.

La película de David Lynch tenía que haber durado 5 horas, pero tampoco era realista, y se quedo en algo más de dos. Ese recorte, el desigual reparto, y unos efectos especiales todavía insuficientes hacen que el intento resultara bastante fallido. Pero al menos hizo todavía más famosa la novela original. Con los años, Dune se ha convertido en una de las novelas de ciencia ficción más leídas, si no la que más.

Por fin me he animado, y he disfrutado con ella. La historia es muy conocida. En un futuro lejano, la galaxia está dominada por familias nobles que gobiernan sus planetas en un estilo feudal, bajo la supervisión del Emperador. La familia Atreides recibe el encargo de gobernar el misterioso planeta Arrakis (precioso nombre), muy importante por ser la fuente de una especia, “melange”, que permite los viajes interestelares. Este arreglo no le conviene mucho a su familia rival, los Harkonnen. El cabeza de familia, Vladimir Harkonnen, es un depravado con mucho estilo, dispuesto a todo para acabar con los Atreiades, más convencionales. A partir de este escenario, se organiza un buen lío, lleno de aventuras, intrigas, religión, ecología, política, magia, guerra, traiciones y honor, todo sazonado con un poco de amor y cierto humor.

La primera parte de la novela me ha resultado más interesante, ya que se centra en la tensión política, y describe un mundo un tanto medieval, pero avanzado en otros campos. La segunda parte trata la deriva mesiánica del protagonista principal,  Paul Atreides.  La historia, quizás no especialmente original, atrapa y está excelentemente narrada. La calidad de la escritura es muy alta, las escenas detalladas, los diálogos inteligentes y sutiles…resulta un placer leer esta obra. Las descripciones del desierto también resultan espectaculares. Al parecer, Herbert se inspiró en unas dunas de Oregón para investigar sobre su ecología, y acabar creando un gran planeta desierto, con un ecosistema muy particular. De él, surgirá el bicho más bestial que ha poblado nunca la ciencia ficción: el gusano de Dune…Otra influencia clara es el mundo árabe, y la cultura del desierto.

Se trata de un libro fundamental en la ciencia ficción, una garantía de entretenimiento para todo aquel que le guste el género, o los libros tochos con mucha peña friki….



Begin Again

“Te gusta la música”, le pregunta Hans Castorp a Septembrini en “La Montaña mágica”. “Si me la imponen, no”, le contesta éste. Disfruto con una buena banda sonora como la que más. Incluso he saboreado películas en las que apenas había diálogo pero, salvo contadas excepciones, siento rechazo hacia el género musical. 

“Begin again” es la historia de dos jóvenes ingleses a quienes su pasión por la música ha unido, les lleva hasta Nueva York, y finalmente, cuando él alcanza el éxito y la fama, acaba por separarlos. A partir de ahí comprobamos como el amor al arte puro (entendido como una pasión, una forma de vida) y el amor al arte cuando éste se mercantiliza, transcurre por caminos separados que, difícilmente, vuelven a converger. La música es el epicentro de la historia pero no es solo una película musical.

Contar con Keira Knightley, una de las mejores actrices de su generación, es un pasaporte seguro al éxito. No hay ninguna película suya que no me haya gustado. Es adorable, apasionada, intensa y muy elegante. ¡Por algo Chanel la ha elegido como imagen de su emblemático perfume “Coco”!

Mark Ruffalo nos regala una magnifica interpretación de un productor discográfico en horas bajas. Impresionante la química entre los dos actores. Ambos son el motor del conjunto. 

En cuanto a Adam Levine creo que se queda a años luz de ellos, eso sin contar con que a mí, particularmente, su voz, falsete incluido, no me gusta nada.

Sin sexo, sin tiros, sin violencia, sin monstruos ni asesinos, “Begin again” es un chute de optimismo veraniego. Una película que te hace salir de la sala contento, relajado y feliz.


Vamos, un lujo en estos tiempos que corren.

martes, 8 de julio de 2014

Al filo del mañana. Homenaje a los clásicos.

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Tom Cruise y Emily Blunt preparándose para atrapar a unos cuantos pulpos...

Hoy en día es muy difícil plantear una película de ciencia ficción original, al menos, en el subgénero de la ciencia ficción militar. Veamos el ejemplo de “Al filo del mañana." Se situa en la tierra, en un futuro próximo. Finalmente, una raza de aliens cabronazos ha conseguido invadirnos. Son como una mezcla entre el clásico octavo pasajero y el Kraken, pero a cámara rápida. Su velocidad y destreza en el combate les hace casi invencibles. Ya de entrada tenemos aquí muchas influencias, desde el calamar gigante de 20.000 leguas de viaje submarino, hasta Aliens. Los bichos se han hecho fuertes en la Europa continental, así que la OTAN prepara un segundo desembarco de Normandía desde Londres. De nuevo, homenaje a todas las películas de guerra que reflejaban la angustia de los paracaidistas, los planeadores sacudidos por la artillería antiaérea, Salvar al soldado Ryan, etc. La influencia más directa, sin embargo, es de la novela Starship Troopers, la más importante en este subgnénero, con los soldados en espectaculares exoesqueletos saltando de sus naves para aplastar bichos en planetas exóticos. Una pena que en su adaptación al cine se perdiera esa parte.

La película podría haber sido una más de serie B, pero el director, Dough Liman, que había dirigido la entretenida “The Bourne Identity”, y la pesadísima “Mr and Mrs Smith”, se deja influir por otra película, en este caso procedente de la comedia: Atrapado en el tiempo (1993). En aquella ocasión, Bill Murray se veía obligado a vivir el mismo día una y otra vez. En este caso, será el turno de Tom Cruise, que aprovechará las vueltas sucesivas al pasado para intentar mejorar su rendimiento de soldado forzoso.


En su empeño por transformar Europa en una caldereta de pulpo, contará con la ayuda de Emily Blunt. Ambos actores están rodando bastante cine de acción y ciencia ficción (looper y the adjustment bureau en el caso de Blunt, Oblivion y la Guerra de los mundos en el caso de Cruise).

La película resulta muy entretenida, la acción intensa pero no apabullante, los efectos creibles, cierta dosis de humor, y la violencia contra los pulpos no resulta desagradable. En fin, otra película que contribuye al reciente renacer del género de ciencia ficción, que nunca debió de ser descuidado.

viernes, 4 de julio de 2014

El lobo en invierno. Charlie Parker contra el mal.

Disposición 6169 del BOE núm. 140 de 2014

Desde que nuestro amigo Rodrigo propusiera al autor John Connolly dentro del club de novela negra Taiga, se ha convertido en uno de mis autores preferidos.  Hace años que sigo la serie del atormentado Charlie Parker, personaje a medio camino entre un detective convencional y un angel justiciero, que consta ya de bastantes títulos:

  • Every Dead Thing 1999 — Todo lo que muere
  • Dark Hollow 2000 — El poder de las tinieblas
  • The Killing Kind 2001 — Perfil asesino
  •  The White Road 2002 — El camino blanco,
  • The Black Angel 2005 — El angel negro
  •  The Unquiet 2007 — Los atormentados,
  • The Reapers 2008 — Los hombres de la guadaña,
  • The Lovers 2009 — Los amantes,
  • The Whisperers 2010 — Voces que susurran,
  • The Burning Soul 2011 - "Cuervos"
  • The Wrath of Angels 2012 - "La ira de los ángeles”
  • The Wolf in Winter 2014 


Para entender la historia de Parker y de su peculiar universo, una mezcla de novela negra y fantástica, conviene leer primero “Todo lo que muere”, ya que ofrece las claves del resto de entregas. En realidad, se trata de una gran novela en la que cada libro  podría considerarse un capítulo. La trama de fondo es siempre la misma, y los personajes principales se repiten. Así, el detective Parker contará con dos fieles aliados, la pareja formada por Angel y Louis (ladrón y asesino respectivamente), y con la colaboración esporádica de los brutales hermanos Fulci. Junto con algún aliado más, se las tendrá que ver con una temible galería de siniestros personajes, como el Coleccionista, un aficionado a los trofeos de una modalidad de caza un tanto peculiar…

En su última novela, todavía no traducida al español, The wolf in winter, Connolly vuelve a introducir sus temas preferidos: una secta religiosa, un misterio centenario, un grupo de personajes siniestros, víctimas inocentes, y un solitario Parker intentando resolver el misterio. La ambientación nos lleva de nuevo a las pequeñas comunidades rurales de Maine, las preferidas por el autor para ocultar el mal debajo de un metro de nieve.

La novela vuelve a resultar entretenida, y resultará interesante para los seguidores del autor. Si no se ha leido nada de él, lo mejor es empezar por Todo lo que muere. Diversión y miedo asegurados. Igual que la anterior, recientemente traducida y publicada en España: la ira de los ángeles.

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/06/09/actualidad/1402313328_284147.html

Curiosamente, John Connolly acaba de comenzar una nueva serie de novelas, escritas en colaboración con Jennifer Ridyard, en el género de ¡ciencia ficción!. 


Habrá que leerla….

jueves, 3 de julio de 2014

El ruido y la furia


“La vida no es más que una sombra en marcha; un mal actor que se pavonea y se agita una hora en el escenario y después no vuelve a saberse de él: es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada”, (Macbeth, Acto V, Escena V).

No importa si este William tomó el título prestado de la obra de su tocayo Shakespeare: si has conseguido llegar a la última página habrás comprendido que esta novela difícilmente podría haberse llamado de otra manera.

El ruido, mucho ruido, te ensordece ya en el primer capítulo. No existe una narración como tal sino que Faulkner nos va presentado las premisas de un experimento literario, original y novedoso, antes de llevarnos a una conclusión argumental. Para ello utiliza a los tres hermanos varones de la familia Compson: como si de un videojuego invertido se tratara, nos obliga a empezar por el nivel más elevado a partir del cual, si logramos superarlo, comienza un descenso en el que cada escalón, representado por uno de los hermanos, te hace más accesible la historia. 

El nivel cuatro lo encarna Benjy. Faulkner comienza introduciéndonos en la mente del hermano idiota: andanadas de pensamientos sin orden ni sentido, mezclados en el tiempo pasado, presente y futuro. Giramos, caemos y volvemos a caer intentando desentrañar el nombre, el sexo, la raza o el parentesco de la persona que habla en cada momento, mientras nos ponemos del lado de Luster, “un hombre de 14 años. El cual no sólo era capaz de encargarse del cuidado total y la seguridad de un idiota que tenía dos veces su edad y tres su tamaño, sino que además le entretenía”, y exclamamos exasperados con él: “¿Es que no va a dejar de berrear y babearse?”.

Ruido.

En el nivel tres Quentin, “el cual no amaba la idea del incesto que no cometería, sino cierto concepto presbiteriano de su castigo eterno”, al que la familia le dio la mejor oportunidad, nos aturde con sus dilemas morales y sus sentimientos de culpa. Ese hermano tan considerado que, antes de suicidarse, esperó a “terminar el año académico en curso y así obtener todo el valor de su educación pagada por adelantado, (…) porque el trozo de terreno que había sido vendido para pagar la boda de su hermana y su año en Harvard, había sido la única cosa, exceptuadas esa misma hermana y la visión del fuego, que su hermano menor, idiota de nacimiento, había querido”.

Ruido.

El nivel dos nos acerca a Jason IV, soltero y sin hijos, el último de la dinastía. Privado de las oportunidades que tuvieron sus hermanos, en quienes se gastó todo el dinero obtenido por la venta del prado, “empleó sus propios ahorros procedentes de su escaso sueldo como dependiente de un almacén para mandarse a sí mismo a una escuela de Memphis donde aprendió a clasificar y valorar el algodón”. Distante, cruel, frío. ¿Y cómo no serlo? De los Compson, una familia sin posibilidad de redención, Jason, el último, el que no tiene alma, es quien debe cumplir la condena.

Furia.

Si tuviera que elegir un personaje de la novela sin dudarlo me quedaría con Jason. Privado del cariño y atención que el resto de los miembros de su familia se reparten entre ellos, crece solitario, apegado a su abuela cuyo fallecimiento representa un duro golpe porque supone perder el único vínculo afectivo que le hace sobrellevar su infancia. Me conmueve que, pese a su falta de cariño, tras la muerte de su padre “asumió la entera carga de su decadente familia en la decadente casa, soportando a su hermano idiota debido a su madre, sacrificando todos aquellos placeres que le hubieran correspondido por derecho y justicia y hasta por necesidad a un soltero de treinta años para que la vida de su madre siguiera siendo lo más parecida posible a lo que había sido”.


Él es la furia, “esa furia roja e insoportable que aquella noche, y a intervalos recurrentes de casi idéntica fuerza durante los siguientes cinco años, llegó a hacerle creer que en algún momento de descuido podría destruirle”.

Es indudable que en esta novela la FORMA tiene tanto protagonismo o más que el contenido. Es ella quien te zancadillea y es ella quien casi te tumba. Pero también es ella quien, si logras vencerla, te mostrará el premio por haber llegado al nivel uno: la satisfacción de haberte enfrentado a un gran escritor y haber salido indemne del reto intelectual que leer esta novela supone. 

Una lectura tan irritante en sus inicios como sorprendente según avanza y gratificante cuando llegas al final.

Una experiencia literaria costosa de digerir pero difícil de olvidar.