lunes, 14 de mayo de 2012

Sombras tenebrosas

Creo que ya vale. Seguir manteniendo este triunvirato (Tim Burton, su mujer y Johnny Depp) le está haciendo un flaco favor a los tres. Tienes la sensación de que cuente lo que cuente la película ya lo has visto antes.

Uno cosa es tener un universo propio y muy particular y otra reproducirlo una y otra vez (“Charlie y la fábrica de chocolate”, “Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet”, “Alicia en el País de las Maravillas”, “La novia cadáver”).

Siempre he considerado a Johnny Depp un magnifico actor, pero últimamente entre su papel de Jack Sparrow y los que interpreta para Tim Burton se está convirtiendo en un conjunto de maquillaje, muecas y aspavientos exagerados que hacen peligrar su credibilidad como actor. Incluso empiezo a dudar de que fuera capaz de llevar el peso de una película solo a fuerza de silencios y miradas.

“Sombras tenebrosas” encuadrada en el género de comedia/terror/fantástico, creo que, en realidad, no encaja en ninguno de ellos ya que reírte no te ríes absolutamente nada (es más, los diálogos resultan casi patéticos), miedo no sientes (como no sea que te asuste el hecho de haberte dejado engañar, otra vez, por la publicidad que te ha inducido a elegir esta película) y de fantástico podríamos calificar el hecho de que estos tres elementos no se den cuenta aún de que ha llegado el momento de separarse y abrirse a nuevos horizontes, por su bien y por el de todos los espectadores.

Si tuviera que destacar algo de esta película seria el hecho de que haya recuperado a Michelle Pfeiffer, a quien hacía mucho tiempo que no veía en el cine, y la actuación de Eva Green, cuyo papel de bruja piruja resulta sexy y refrescante.

viernes, 11 de mayo de 2012

La guerra de los mundos

Los marcianos cabronazos de H.G. Wells devastan la plácida Inglaterra victoriana en su clásica novela "la Guerra de los mundos"



La Guerra de los Mundos es seguramente la novela de ciencia ficción más famosa de la historia. Con ella, HG Wells inaugura el género de la ciencia ficción moderna, con permiso de Julio Verne, claro. Aunque he visto diversas adaptaciones al cine y al cómic, nunca había leído la novela original.

HG Wells escribió la novela en 1898. Por lo tanto, es algo posterior a sus otras dos grandes obras: La máquina del tiempo (1985) y El hombre invisible (1897). En ella, el protagonista, un filósofo inglés, narra con extraordinaria precisión la invasión de Londres y sus alrededores por parte de un pequeño pero terrible ejército marciano. HG Wells plantea una estupenda estructura narrativa, ya que divide la acción en dos puntos de vista: las del protagonista y la de su hermano, que tiene una experiencia también dura pero algo más alejada de la acción. Un gran acierto es dar información directa e indirecta, siempre desde el punto de vista de los personajes. El juego de la información, desinformación y rumores es fundamental en el transcurso de la historia, sobre todo al principio. HG Wells nos describe una sociedad bastante avanzada en sus medios de comunicación: periódicos con ediciones especiales y telégrafo, pero se quedan cortos a la hora de describir con precisión lo que está ocurriendo.

Los aspectos científicos de la novela son muy intersantes, e igual que en La máquina del tiempo, demuestran que el autor estaba al tanto de los conocimientos de la época: microbiología, evolución, ecología (magnífica narración de la invasión por parte de las plantas rojas), y astronomía . Además, en la descripción de la tecnología marciana se adelanta al descubrimiento del láser con sus “heat rays”, a la robótica con la descripción de las intricadas máquinas marcianas, pasando por la astronáutica (el inventor de cohetes Robert H. Goddard se inspiró en esta novela) y y avanza temas clásicos en la ciencia ficción que han inspirado multitud de novelas y películas posteriores: la invasión por parte de una civilización más avanzada, el desmoronamiento de la frágil sociedad industrial, la soledad de los supervivientes…

La novela muestra también el temor a la guerra moderna, con armas cada vez más poderosas, el desarrollo de terribles innovaciones como los gases tóxicos y la aparición de la aviación, a la vuelta de la esquina. La narración recuerda lo que poco después se vivió en los campos de batalla de la I y II Guerra Mundial.

Pero además del gran interés de todos estos temas, la historia en si resulta muy entretenida, y mantiene en vilo al lector a pesar del conocido final. Las escenas de acción resultan muy verosímiles, algunas espectaculares como la batalla entre un marciano y el acorazado HMS Thunder Child. Por otra parte, la crueldad de los marcianos linda con el género del terror. Por todo ello, a pesar de que la historia es de sobra conocida, merece la pena leer el libro original y disfrutar del comienzo del género de ciencia ficción.





miércoles, 9 de mayo de 2012

Radio encubierta: buena música y risas

Radio encubierta (the boat that rocked), es una comedia británica del año 2009 dirigida por Richard Curtis (el conocido director de grandes éxitos como: Cuatro bodas y un funeral, El diario de Bridget Jones, Notting Hill y Love actually). La película cuenta con un estupendo plantel de actores; los más conocidos, Philip Seymour Hoffman y Kenneth Branagh. A destacar también, por una parte, el elegante y alocado Bill Knight (Love actually, piratas del caribe), y por otra, los actores de la divertidísima miniserie "The It crowd" (Chris O’Dowd y Katherine Parkinson).

http://en.wikipedia.org/wiki/The_Boat_That_Rocked

La película narra la disparatada aventura de un barco fondeado en el Mar del Norte, que se dedicaba a emitir música pop de forma irregular en el año 1966. Las canciones emitidas y los comentarios de los presentadores eran muy apreciados por un público ávido de música moderna, aburrido de la BBC, pero temidos por el gobierno conservador del Reino Unido. Este último tratará por todos los medios de cerrar la peculiar emisora.

Se basa en hechos reales, ya que en los 60 diversas emisoras montadas en barcos comenzaron a emitir de forma alegal música pop. En 1967, 21 estaciones emitían este tipo de música para una audiencia de 10 o 15 millones. Esta competencia condujo a la reestructuración de la BBC, y al cierre de las emisoras piratas por parte del Gobierno. A pesar de ello, algunas continuaron activas, desde tierra. En los 80, alcanzaron otro pico de popularidad. Hoy en día, todavía hay algunas activas, aunque se enfrentan a duras sanciones. La película se inspira sobre todo en Radio Carolina, que emitía desde el ferry Fredericia. Esta emisora sigue activa hoy en día.

http://en.wikipedia.org/wiki/Pirate_radio_in_the_United_Kingdom

La película resultó un fracaso comercial y no recibió en general buenas críticas. A pesar de ello, resulta bastante divertida, y gustará especialmente a los aficionados a la música pop clásica, con grupos como The Kinks, los Rolling Stones, the Turtles, Jimi Hendrix, Duffy, Box Tops, The Beach Boys, Dusty Springfield y The Who. En todo caso, merece la pena verla para conocer la curiosa historia de las emisoras piratas.





lunes, 30 de abril de 2012

Way station: de viaje por la Via Láctea.


Clifford Donald Simak (1904-1988) fue un conocido escritor americano de ciencia ficción. Trabajó en varios periódicos, especialmente “Minneapolis Star and Tribune”. Tuvo una vida muy tranquila, dedicada a su mujer y sus hijos, y a sus pasatiempos favoritos: la pesca, el ajedrez, los sellos y las rosas.
Su interés por la ciencia ficción comenzó tras leer a HG Wells. Publicó diversos relatos, sobre todo en la revista “Astounding Stories”. Sus historias están influidas por el medio rural en el que vivió.


La primera novela que he leído de Simak es “Way Station” (Estación de tránsito), de 1963. Al principio de la novela, el protagonista, Enoch Wallace, un veterano de la Guerra Civil americana, tiene un extraño encuentro con un alienígena que le propone un curioso trabajo: hacerse cargo de una estación de paso de extraterrestres en viaje de trabajo o de placer. Durante muchos años, Wallace apenas envejece y es el único humano que conoce el secreto de la vida inteligente más allá de la tierra. Consigue llevar una vida tranquila y aislada, pero interesante y agradable. Sin embargo, su eterna juventud y otras curiosas circunstancias se irán aliando para que en unas pocas  horas, su destino, el del mundo y el de la misma Galaxia se vean en una encrucijada…
La novela aborda aspectos clásicos de la ciencia ficción de la época, sobre todo el miedo al holocausto nuclear y el problema de la agresividad humana.  Por las fechas en las que está escrita y la sensación inminente de guerra que plantea, puede que estuviera muy influida por la crisis de los misiles de Cuba en 1962. Simak plantea una defensa de la diplomacia y la solución pacífica de los conflictos. También introduce algunos temas más propios del género de fantasía que de ciencia ficción. Toda la novela resulta agradable de leer, y consigue mantener cierto suspense. La narración está llena de nostalgia por un mundo ya perdido, por un estilo de vida más sencillo y próximo a la naturaleza. También rinde homenaje a la amistad, más allá de las diferencias físicas y de costumbres de razas extrañas o de personajes excéntricos.

Aunque en mi opinión no es tan impactante ni profunda como para ser considerada obra maestra, lo cierto es que ganó un Premio Hugo en 1964. En todo caso, una buena recomendación para los amantes del género.
http://www.criticadelibros.com/ciencia-ficcion/estacion-de-transito-de-clifford-d-simak/


domingo, 29 de abril de 2012

Love is in the air. So are salmons.


La Pesca de Salmón en Yemen (Lasse Halström, 2011)

Un perfecto empleado público británico, especialista en pesca, metódico y ordenado, recibe una propuesta aparentemente disparatada: la de crear las condiciones para que la pesca del salmón sea posible en Yemen, porque al jeque de por allá le viene de capricho, y ya se sabe como van estas cosas. La propuesta es enviada por medio de una empleada atractiva y eficiente de una empresa intermediaria, y además hace gracia a la secretaria de comunicación del PM en un momento en el que es conveniente que el Reino Unido recomponga las relaciones con Oriente Medio, que están en peligro de deterioro por un error en la guerra de Afganistán de consecuencias trágicas. Ésta es la síntesis del argumento de una película que, de acuerdo con ella, parecería una frikada con poco sentido. Pues algo de eso hay.

A partir de los ingredientes citados, de unos protagonistas monos y más o menos convincentes, de buenas localizaciones, planos originales y con fuerza, y una fotografía a ratos espléndida, Lasse Halström, que si algo no se le puede negar es que es un director solvente, monta una película amable, optimista y que está bien para ver en estos tiempos de zozobra y desánimo. Lo que pasa es que para mi es más un film hecho de detalles que una obra redonda. Tenemos el jeque progre que en lugar de montar un atentado ecológico de mil demonios por capricho, tiene como objetivo el avance y la modernización de su país y de su pueblo. Tenemos la crítica feroz al poder político británico, y por extensión al occidental, más preocupado en la imagen que en la realidad, aunque dicha imagen tenga que ser fabricada sintéticamente (imponente Kristin Scott Thomas en el papel de secretaria de comunicación cínica y con principios dudosos). Obviamente no puede faltar la historia de amor múltiple, claro que en este caso las cosas vienen más fáciles que en otros, por una parte porque él era-infeliz-en-su-matrimonio-porque-su-esposa-era-el-mismo-demonio, y ella, profesional eficiente y chica monísima, llega a creer que un militar puede ser el hombre de su vida. Así cualquiera.

Es una película aconsejable sin excesos, más por la suma de detalles que por la unidad. Y porque vivimos unos tiempos en los que se agradece el mensaje optimista, de que la determinación tiene su recompensa, y de que los buenos ganan. Le pondría en torno a un 6,5, y eso teniendo en cuenta que sólo la última escena me ha hecho quitarle un punto.

lunes, 16 de abril de 2012

CHAGALL (Museo Thyssen-Bornemisza- Fundación Caja Madrid)

En “El malestar de la cultura”, ensayo que escribió en 1929, Freud afirma que para escapar del sufrimiento que nos amenaza por tres lados (el propio cuerpo, el mundo exterior y las relaciones con otros seres humanos) podemos optar por buscar la satisfacción en los procesos internos, psíquicos: “La satisfacción se obtiene en ilusiones que son reconocidas como tales, sin que su discrepancia con el mundo real impida gozarlas. Estas ilusiones proceden del terreno de la imaginación. A la cabeza de estas satisfacciones imaginativas se encuentra el goce de la obra de arte, accesible aun al carente de dotes creadoras gracias a la mediación del artista. (…) Más la ligera narcosis en que nos sumerge el arte solo proporciona un refugio fugaz ante los azares de la existencia y carece de poderío suficiente como para hacernos olvidar la miseria real”.

Es cierto, la contemplación de una obra de arte produce un placer efímero, fugaz, frágil, pero también supone una educación para tus sentidos: más allá de lo que puedes oir, ver o tocar, aprendes a interpretar, a desdoblarte de tu cuerpo y de tu mente para intentar penetrar en el cuerpo y en la mente del artista en el momento de la creación.

Acercarte a la obra de Chagall supone adentrarte por un camino de baldosas verdes, rojas y amarillas que te conducirá más allá del Arco Iris gracias a su riqueza cromática y a su mundo poblado de personajes reales e imaginarios, de símbolos religiosos, y de ritos y celebraciones. Una línea recta de alegría y felicidad, que se nutre de los recuerdos de infancia, rota, abruptamente, por la guerra. Porque Marc Chagall nació en Vitebsk, actual Bielorrusia, en 1887, en una humilde familia de origen judío, y vivió casi cien años (murió en 1985), por lo que fue testigo directo de los más terribles acontecimientos del siglo pasado: la revolución rusa de 1917 y las dos guerras mundiales.

Difícil de encuadrar en un movimiento pictórico (fauvista, cubista, surrealista) pareció explorarlos todos antes de que fueran definidos como tales. Cual si fuera el judío errante, figura común de muchos de sus cuadros, recorrió en solitario la escena artística del siglo pasado, rodeado de un halo de misticismo, tradición y alegría de vivir. El retrato que le hizo Henri Cartier Bresson, portada de “Mi vida”, el único libro que escribió Chagall, muestra a un abuelo de pelo canoso y rostro bondadoso en el que destaca la mirada soñadora, evocadora, algo melancólica, de alguien que, pese a la edad, no ha perdido la ilusión. ¡He comprado el libro porque me enamoró la obra y el personaje!
Paul Eluard, le dedicó un poema donde destaca los elementos iconográficos de su pintura:

Asno o buey gallo o corcel
Hasta la piel de un violín
Hombre cantor un solo pájaro
Bailarín ágil con su dama
Pareja inmersa en primavera
Hierba de oro cielo de plomo
Llamas azules los separan
Salud y rocío
Zumba la sangre el corazón
Una pareja luz primera
Y en una caverna de nieve

La viña opulenta dibuja
Labios de Tuna en una cara
Que nunca durmió de noche.


“El soldado bebe” es uno de los primeros cuadros que captaron mi atención en la exposición. Marcadas figuras geométricas componen el rostro del soldado sobre el que flota, ingrávida, su gorra. La pareja de bailarines de tamaño más reducido, para crear distintas perspectivas y contar una historia dentro de otra, parece girar alegre mientras el soldado señala al samovar, otro de sus elementos pictóricos recurrentes. Al fondo una ventana nos muestra la noche, rosada y negra, y la fachada de una casa de madera típica, dotando al conjunto de mayor profundidad. Es una escena alegre, con movimiento y un colorido intenso que solo puede apreciarse ante la obra original.

“El violinista” es un lienzo poblado de recuerdos de infancia. Chagall contó que uno de sus tíos por las tardes, cuando volvía del trabajo, solía subirse al tejado de su casa para tocar el violín. La nieve, las casas de madera, presentes en otras composiciones, vuelve a reflejar su pueblo natal Vitebsk. La escena en su conjunto irradia paz y tranquilidad, amenizadas por el violín cuyas notas, gracias a los colores amarillo y naranja, parecen reverberar en la tela, traspasarla y llegar a tus oídos y contagiarse a tus pies.

En “Vista de la ventana en Zolchie, cerca de Vitebsk”, el pintor y su mujer, entonces de luna de miel, contemplan a través de la ventana un frondoso bosque. El verde es tan intenso que casi puedes sentir la humedad de la hierba (nuevamente solo puede apreciarse ante la obra original). Dos enamorados, una taza de té, o quizás café, un paisaje espectacular. La escena transmite el sosiego que el pintor siente en esa etapa de su vida. Es un cuadro relajante y dulce.

Opuesto al anterior “La guerra”. Obra compleja y dramática. En medio de las tinieblas la ciudad en llamas. Personas y animales perecen abrasados. Los que han podido salvar sus vidas, huyen despavoridos, con el horror reflejado en sus rostros, arrastrando las escasas pertenencias que aún les quedan. A la derecha una crucifixión define a estos personajes como mártires. El oscurecimiento de su mundo pictórico, con la casi desaparición del color, salvo el rojo de las llamas para hacerlas aun más terroríficas, ahora dominado por los grises y negros, habla de la desesperanza y la pérdida de la fe en la condición humana.

Pero sin duda, si tuviera que elegir solo un cuadro de todos los que vi en la exposición me quedaría con “Dedicado a mi prometida” que, curiosamente, no aparece ni en la guía didáctica ni en el folleto de la exposición. Para mi es indudable que se trata de una escena muy erótica (en su época supuso un escándalo y muchas la tildaron de pornográfica). El toro, de un naranja encendido, reposa, plácido, entre las piernas de la mujer. La figura femenina, desmadejada y provocativa, envuelve al macho que, con mirada lasciva y sonrisa libidinosa, parece mirar directamente a los ojos del observador haciéndole partícipe del juego del deseo.










domingo, 8 de abril de 2012

GRUPO 7

Sevilla, unos años antes de la Expo 92. Convertir una ciudad cualquiera en un escaparate mundial exige obras mastodónticas, inversiones millonarias, sacrificio y el esfuerzo coordinado de muchas personas y colectivos: el trabajo de unos brillará en la superficie y embellecerá la ciudad; el de otros se hunde en las profundidades y es mejor que nunca salga a la luz. De eso va esta película… ¡y qué película!

El Grupo 7 lo forman: Mateo, un policía regordete, putero y chusco, “tipical spanish”; Miguel alto y rubio con aspecto de señorito andaluz; Ángel, el más joven, tan simpático como ambicioso, que observa en silencio a su compañero Rafael, solitario, violento, cruel, desengañado (y tan igualico tan igualico a Chuck Norris que yo creo que es un homenaje encubierto del director a este “actor”, como lo demuestra el hecho de que habla poco pero golpea mucho y bien).

Los cuatro persiguen a yonkis y traficantes sin descanso, sin escrúpulos y sin piedad, utilizando todos los medios a su alcance para lograr éxitos que lancen sus carreras sin desdeñar, de paso, mediante la corrupción y los métodos más salvajes, ingresos extras que les permitan mejorar sus sueldos de mierda.

Intimidación, tortura y trafico encubierto, componen el día a día de los “violentos de Mario” que cuentan con el apoyo de sus superiores, que miran para otro lado, siempre que la basura no los salpique y los medios de comunicación no se hagan eco de su “correcta” actuación policial. “Lavar&marcar” ese es su trabajo: lavar la cara a la ciudad mientras marcan territorio y la "face" de todo aquel que se cruza en su camino.

Con un ritmo vertiginoso la película te mantiene en permanente alerta, con una sensación desagradable en el estomago por el salvajismo de algunas escenas, a la vez que no puedas evitar esbozar alguna que otra sonrisa ante las ocurrencias de estos policías tan bizarros.

Alberto Rodríguez hace que al papel del “más hijoputa” opten, por turnos, los policías y los traficantes, que la línea entre los buenos y los malos se torne borrosa y que acabes dudando de quien es quien. Logra, de manera magistral, mostrarnos que en la vida nos encontramos a menudo con encrucijadas que nos exigen elegir y que cada elección tendrá consecuencias. Cuando los defensores del orden y la ley se pasan ésta por el forro, su particular justicia les es devuelta de una manera brutal, sí, pero que el director hace que casi llegues a entender y compartir (ya me lo dirán cuando vean la escena de la emboscada a los policías, ¡es una de las mejores que he visto en una película, la perfecta representación de la Ley del Talión!).

Después de esta película “No habrá paz para Urbizu”…. ¡Esto sí que es buen cine negro!